HISTORIA DEL NOPAL 💚
Nuestro país es centro de diversidad hablando de las cactáceas, por ello, hemos decidido que queremos dar a conocer su gran historia.
La composición gráfica que ofrece el escudo mexicano aporta como ningún otro emblema elementos naturales que aluden a la diversidad biológica de México: el nopal, el águila, la serpiente, caracoles y ramas de encino y de laurel, al tiempo que representa los grandes valores culturales y épicos encarnados en un ave llamada “águila suprema” por los antiguos mexicanos.
El nopal permanece. Hace 20 mil años, aproximadamente, cuando los primeros pobladores llegaron a la cuenca de México y vivían como nómadas cazadores y recolectores encontraron varios géneros de cactos de los cuales se alimentaban, del nopal son los mayores y más antiguos registros que se tienen.
Este vegetal habría sido domesticado hace 9 mil años y, junto con el maguey, el maíz y el frijol, fue el alimento principal de los grupos chichimecas, ellos lo llamaron nohpalli, voz náhuatl que se transformó en nopal a la llegada de los españoles.
La familia de los cactos –biznagas, tetechos, nopales y choyas– se originó en el continente americano y se distribuye naturalmente desde el sur de Canadá hasta la Patagonia, en Argentina. De las 1,400 especies de cactos, 670 viven en México, y de estas, 508 son endémicas. El territorio mexicano se considera el centro de mayor diversidad de cactos del continente, pero también es centro de la diversidad de nopales.
Los nopales conforman el grupo vegetal con más especies y más amplia distribución de los cactos; algunos especialistas los dividen en dos grupos: Opuntia y Nopalea. Aunque los tallos de ambos grupos son muy similares, la forma de las flores es distinta. Las del género Opuntia parecen copas con pétalos pequeños y son polinizadas por insectos, las de Nopalea son elongadas y con pistilo y estambres largos y sobresalientes, y las polinizan los colibríes.
De aproximadamente 200 especies de nopales, 101 (93 de Opuntia y ocho de Nopalea) viven en México. De las noventa y tres especies de Opuntia, sesenta y dos son endémicas del país y de las ocho especies de Nopalea, seis son endémicas, según la botánica Leia Scheinvar.

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